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      • La fábula de las letras hebreas: El alfabeto como código de la creación

      La fábula de las letras hebreas: El alfabeto como código de la creación

      • publicado por JAVIER VÁZQUEZ
      • Categorías Esencias de vida, Kabbalah
      • Fecha 20/09/2026

      Antes de que existiera el tiempo, antes de que hubiera un “antes”, el Zóhar nos cuenta algo asombroso: las veintidós letras del alfabeto hebreo ya existían. No como sonidos, ni como trazos sobre un pergamino, sino como fuerzas puras, grabadas en la corona del Trono de Gloria, esperando en silencio el momento de la manifestación.

      En la tradición cabalística, estas letras no son meros signos convencionales para la escritura. Son fuerzas ontológicas preexistentes que sirvieron como instrumentos de la creación divina. El Sefer Yetzirah (Libro de la Formación), uno de los textos más antiguos y enigmáticos del misticismo judío, establece que Dios creó el universo mediante “treinta y dos senderos maravillosos de sabiduría”: las diez Sefirot y las veintidós letras fundamentales.

      Este artículo explora el origen de esta doctrina, la célebre fábula del Zóhar en la que las letras compiten por el privilegio de iniciar la Creación, y el misterio de su orden numerológico.

      Un desfile al revés: la fábula del Zóhar

      Una de las narraciones más fascinantes del misticismo judío aparece en el Zóhar, en el relato conocido como Otiot de Rav Amnuna Saba (Las letras de Rav Amnuna Saba). El texto plantea una pregunta aparentemente simple: ¿por qué la Torá comienza con la letra Bet (de Bereshit, “En el principio”) y no con la Alef, ¿primera letra del alfabeto?

      La respuesta es que dos mil años antes de la creación del mundo, las letras aún estaban ocultas, y el Creador “las contemplaba y se regocijaba con ellas”. Cuando Dios quiso crear el mundo, todas las letras se presentaron ante Él en orden inverso, de la última a la primera. Lo primero que llama la atención es ese orden: no empezaron por la Alef, sino por la Tav, la última. Como si el universo, antes de poder decir “sí” a algo, tuviera primero que recorrer y descartar todo lo que no era el comienzo adecuado.

      La Tav y la verdad que también es muerte

      La letra Tav fue la primera en ingresar y dijo: “Señor de los mundos, que te plazca crear el mundo a través de mí, porque yo soy el sello de Tu anillo, que es Emet (la verdad)”. Un argumento hermoso. Pero el Creador le respondió que su destino era otro: sería, en el futuro, la marca en la frente de los justos, el sello final de una obra que primero necesitaba… un principio. Además, esa misma Tav cierra también la palabra mavet, muerte. No se puede empezar el mundo por lo que también nombra su fin.

      La Shin y la mentira que la rodea

      Vino la Shin, reclamando el honor de iniciar el nombre Shadai, el Todopoderoso. Pero sus dos vecinas del alfabeto, Resh y Qof, se le pegaban por el otro lado formando sheker, mentira. Fue rechazada.

      El patrón: cada letra lleva una luz y una sombra

      Y así, letra tras letra, se repite el mismo patrón que es, en realidad, el corazón de la enseñanza: cada letra lleva en sí una luz y una sombra. La Tzade encierra la justicia, pero también debe permanecer oculta. La Pe contiene la promesa de la redención, pero su misma forma, curvada sobre sí misma como una serpiente, recuerda la transgresión. La Ayin evoca la humildad, pero también la culpa. Ninguna letra es pura luz sin reverso; ninguna palabra puede sostener sobre sí sola el peso entero de la creación.

      Hay incluso parejas que se presentan juntas, inseparables: la Dalet y la Guimel, que forman la palabra “pez” y representan la pobreza y la generosidad que la remedia —no pueden separarse, porque una sin la otra no tiene sentido. La Vav y la He, que ya llevan el honor de estar en el propio Nombre impronunciable. La Nun, que representa la caída, y por eso la Sámej, que representa el sostén de los caídos, debe quedarse fija en su sitio: si el sostén se moviera, ¿quién sostendría a quien tropieza?

      La letra que no discutió nada

      Después de que casi todo el alfabeto pasara ante el Trono, cada una alegando, cada una siendo devuelta a su lugar con una razón precisa y a menudo conmovedora, llegó por fin la Bet.

      Y aquí, algo cambia. La Bet dijo simplemente: “Contigo comienza berajá, bendición. Por mí eres bendecido arriba y abajo.” Y el Creador, por primera vez en todo el relato, no objetó nada. No hubo reverso oscuro que oponerle. La aceptó de inmediato.

      Por eso la Torá, y con ella, según la tradición, el mundo entero, comienza con Bet: Bereshit, “En el principio”. No con la verdad absoluta de la Tav, no con el poder de la Shin, no con la gloria de la Kaf. Con la bendición. La creación no nace de una afirmación de fuerza, sino de un gesto de bien querer.

      El silencio de la Alef

      Pero la fábula tiene todavía un giro final, quizás el más hermoso de todos.

      La Alef, la primerísima letra del alfabeto, no se presentó. Se quedó atrás, en silencio, mientras veía a todas sus hermanas desfilar y ser, una tras otra, rechazadas. Y cuando el Creador, ya con la Bet elegida, le preguntó por qué no había venido a reclamar lo que por orden le correspondía, la Alef respondió algo que resume una de las claves más hondas de la vida espiritual: vio que todas salían sin ser aceptadas, y no le pareció digno insistir para arrebatarle a la Bet un don que ya se le había concedido.

      Su humildad, su capacidad de no necesitar ser la primera, fue precisamente lo que la hizo insustituible. El Creador le respondió: aunque el mundo visible se construya con la Bet, tú serás el origen de toda unidad. No habrá unidad posible sino a través de ti.

      Y así es, en efecto: el Decálogo, la voz misma de la revelación en el Sinaí, comienza con Anojí (“Yo soy”), y su primera letra es Alef.

      Lo que esta fábula enseña sobre el orden de la creación

      Si leemos esta leyenda solo como un cuento simpático sobre letras que hablan, se nos escapa lo esencial. Lo que el Zóhar está describiendo, bajo la forma narrativa, es la arquitectura misma de cómo lo manifestado surge de lo no manifestado:

      Primero, lo que se descarta. Antes de que exista una forma, existen infinitas posibilidades, y cada una debe ser sopesada, confrontada con su propia sombra, y la mayoría de las veces, dejada de lado. La creación no es un acto arbitrario: es un acto de discernimiento extremadamente preciso, letra por letra, matiz por matiz.

      Segundo, lo que se elige no es lo más poderoso, sino lo más justo. De entre veintidós fuerzas primordiales, ninguna gana por su fuerza, su verdad absoluta o su gloria. Gana la bendición: la disposición de dar y recibir bien. Esto nos dice algo decisivo sobre la naturaleza última del universo, según la Cábala: no fue creado desde el rigor, sino desde un impulso de generosidad.

      Y tercero quizás lo más importante: lo verdaderamente primero nunca necesita demostrarlo. La Alef no discute, no reclama, no se impone. Y precisamente por eso ocupa el lugar que ninguna otra letra podía ocupar: el de la unidad que sostiene a todas las demás, incluida a la propia Bet con la que el mundo fue construido.

      Las 231 puertas y la creación por combinación

      El Sefer Yetzirah describe un proceso creativo basado en la combinación sistemática de las letras: “Alef con todas y todas con Alef; Bet con todas y todas con Bet; Guimel con todas y todas con Guimel. Todas giran en círculo, y así encontramos que salen por doscientas treinta y una puertas”. Este número (231) resulta de la combinatoria de 22 letras tomadas de dos en dos: 22 × 21 / 2 = 231.

      Estas 231 puertas son descritas como “el fundamento de todas las cosas”, dispuestas “como sobre una esfera”, que puede girarse hacia adelante o hacia atrás, “ya sea para el bien o para el mal; del bien proviene el verdadero placer, del mal nada más que tormento”. Esta imagen de la esfera rotatoria sugiere que el orden de las letras no es fijo ni lineal, sino dinámico y permutable, reflejando la naturaleza procesual de la creación.

       

      El Golem: la creación artificial mediante letras

      La doctrina del poder creativo de las letras encontró su expresión más dramática en la leyenda del Golem. Según la tradición, el rabino Judah Loew de Praga (el Maharal) creó un ser humanoide de arcilla mediante la combinación de letras y nombres divinos. El procedimiento implicaba inscribir en la frente del Golem la palabra Emet (אמת, “verdad”). Para desactivarlo, el rabino borraba la primera letra, la Alef, dejando Met (מת, “muerto”), y el ser se desmoronaba.

      Este mito ilustra de manera poderosa la convicción cabalística de que las letras no son representaciones simbólicas de la realidad, sino la realidad misma en su nivel más fundamental. La Alef, como primera letra y símbolo de la unidad divina, es también la letra de la vida; suprimirla equivale a suprimir la chispa vital.

       

      La Temurá y las permutaciones del alfabeto

      La tradición cabalística desarrolló sistemas complejos de permutación de letras (Temurá) para descifrar significados ocultos en la Torá. Entre estos sistemas destacan:

      • ALBaM: Sustituye cada letra por su opuesta en el círculo alfabético: la primera (Alef) por la duodécima (Lamed), la segunda (Bet) por la decimotercera (Mem), y así sucesivamente.
      • ATBaSh: Sustituye la primera letra (Alef) por la última (Tav), la segunda (Bet) por la penúltima (Shin), etc.

      Estos métodos no son meros juegos intelectuales, sino prácticas meditativas que permiten al cabalista acceder a capas más profundas de significado en el texto sagrado y, por extensión, en la realidad misma, que se considera estructurada por las mismas letras.

      Una fábula para leer hacia adentro

      Esta leyenda no habla solo del origen del cosmos. Habla también, como toda buena enseñanza cabalística, del alma humana. Cada uno de nosotros lleva dentro veintidós fuerzas, luces y sombras entrelazadas, que también desfilan, a lo largo de la vida, reclamando ser el centro, la razón de ser, el principio organizador de nuestra existencia.

      Y quizás la pregunta que esta fábula nos deja no sea “¿cuál de mis fuerzas merece gobernar?”, sino algo más sutil: ¿soy capaz, como la Bet, de fundar mi vida en la bendición antes que en la razón que me haga sentir con derecho? ¿Y soy capaz, como la Alef, de sostener mi centro sin necesidad de demostrarlo ante nadie?

      El alfabeto como cosmogonía

      La tradición cabalística presenta el alfabeto hebreo como un sistema cosmogónico completo. Las letras son entidades preexistentes que Dios contempló y utilizó como instrumentos de la creación. Su orden no es arbitrario: la Bet inicia la Torá porque representa la bendición y el principio del mundo manifestado, mientras que la Alef queda reservada para lo divino y lo unitario. Las tres madres estructuran los elementos, las siete dobles los planetas y las doce simples el zodiaco, el tiempo y el cuerpo humano.

      La fábula del Zóhar, en la que las letras se presentan ante Dios en orden inverso, revela que el orden alfabético convencional no coincide con el orden de la creación. Lo que para nosotros es el principio (la Alef) es, en la economía divina, un principio oculto y no manifiesto. El mundo comienza con la Bet, con la dualidad y la diferenciación, y solo a través de la combinación y permutación de todas las letras, las 231 puertas, se despliega la plenitud de lo real.

      Esta visión convierte el estudio del alfabeto hebreo en una práctica espiritual y teúrgica: conocer el orden de las letras es conocer el orden de la creación; pronunciarlas correctamente es participar en el acto creativo continuo de Dios. Como dice el Sefer Yetzirah: “Él formó, pesó y compuso con estas veintidós letras cada cosa creada, y la forma de todo lo que será en el futuro”.

      En Esencias de Vida creemos que estas historias no son reliquias del pasado, sino espejos vivos. Cada letra hebrea sigue esperando, también hoy, su turno para hablar en nosotros.

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      JAVIER VÁZQUEZ

      Técnico superior en Naturopatía
      Técnico superior en Acupuntura
      Técnico superior en Medicina tradicional china
      Máster en chinesse medical Qi gong
      Consultor de Feng shui
      Consultor de Kabbalah
      Reiki master
      Formación en Espagiria
      Consultor internacional de evaluación de talento (DISC y motivadores)
      Formación en flores de Bach, Iridología, Homeopatía, par biomagnético
      Formación en Kinesiología holística
      Consultor de cartas OH
      Formación en varios estilos de Qi gong para la salud.
      Experto en técnicas energéticas.
      Practitioner Aurasoma level 2

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